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Arrestaron a hija del alcalde de New York en protesta contra la discriminación racial


Chiara, de 25 años, la arrestaron en el bajo Manhattan, en una de las protestas reclamando justicia por la muerte en Minneapolis del afroamericano George Floyd cuando se hallaba esposado e inmovilizado en el suelo. En la calle se gritaba “no puedo respirar”, su súplica.


Chiara dio a los policías una dirección en el Upper East Side. Esa dirección coincidía con un lugar llamado Grace Mansion, que es la residencia del alcalde de la ciudad. La joven jamás dijo a los policías que era la hija del alcalde de Nueva York, máximo responsable del cuerpo de uniformados.


Chiara de Blasio protestaba por la muerte de George Floyd cortando el tráfico con otros manifestantes


La pusieron bajo custodia sobre las diez y media de la noche del sábado, después de que los uniformados declararan ilegal una asamblea en la intersección de calle 12 y Broadway. Al parecer, Chiara de Blasio, de madre afroamericana, había estado bloqueando el tráfico y la detuvieron el negarse a desistir en su actitud. La dejaron en libertad tras darle una citación.


Ella es una de los más de 4.100 detenidos este fin de semana de arrebato nacional de miles ciudadanos en las calles a lo largo de toda la geografía de Estados Unidos. Se han producido tanto marchas pacíficas como incendios y saqueos que han llevado a la militarización de las calles. A l


a indignación por la brutalidad policial se suma el malestar por el impacto de la Covid-19, las defunciones que ha causado la enfermedad y el hundimiento económico


La mayoría de las protestas han sido pacíficas (Peter Foley / EFE)

Bill de Blasio, el padre de Chiara, aseguró este domingo, en rueda de prensa, que las manifestaciones pacíficas del viernes y, sobre todo, la del sábado habían virado hacia la violencia por culpa de “agitadores anarquistas” que se infiltraron en las marchas “con una explícita agenda de violencia”.


La protestas se reiteraron este domingo en al menos 75 ciudades de Estados Unidos. En Minneapolis, el kilómetro cero de este levantamiento, volvió a haber marchas masivas durante el día, con algunas confrontaciones y gases lacrimógenos.


El conductor un camión trató de embestir a unos manifestantes en Minneapolis

Hubo un momento de mucha gravedad que podría haber causado una calamidad. Los manifestantes que cruzaban un puente salieron despavoridos cuando un camión, al estilo terrorista, arremetió contra ellos. Por suerte, el incidente se saldó sin heridos. El conductor fue detenido por la policía, después de que los propios integrantes de la marcha lo neutralizaran.

“Gracias a Dios no ha habido fatalidades”, suspiró el gobernador de Minnesota, el demócrata Tim Walz en una comparecencia esta madrugada del lunes. Se había esquivado otra tragedia.




Al caer la tarde volvió el toque de queda en Minneapolis y, poco a poco, una presencia masiva de uniformados, con el apoyo de la guardia nacional, fueron diluyendo las concentraciones. En apariencia, y como el sábado, el gran despliegue de las fuerzas de seguridad, y la petición de las autoridades a los vecinos de que se quedaran en casa, actuaron como elementos disuasorios. “Ha habido pocos incidentes”, remarcó el gobernador Walz.


Una de las más protestas más llamativas, por el contexto, se produjo en la capital federal. En Washington continuó el ruido cerca de la Casa Blanca durante toda la jornada pero de forma pacífica. Hasta que surgió algún incendió, al menos se quemaron un par de coches. En medio del toque de queda, la policía decidió que era el momento de actuar. Esto provocó carreras, porrazos, el lanzamiento de gases lacrimógenos y los enfrentamientos entre concentrados y uniformados, con la residencia del presidente de Estados Unidos de fondo.


Hubo de nuevo escenas de saqueos, como sucedió en Filadelfia, lo que llevó al presidente Donald Trump a solicitar la intervención militar, o en Santa Mónica (California). “Todo está incluido, desde el racismo sistémico al agujero social o el cierre de la economía por la pandemia”, declaró ante las cámaras uno de los manifestantes californiamos.



Lo que caracterizó esta sexta jornada de agitación fue que más de una docena de ciudades establecieron el toque de queda, entre estas Chicago o Detroit, para contener las protestas en EE.UU. contra la brutalidad policial con los negros y la desigualdad social por el color de la piel. Boston y Seattle fueron otros de los puntos álgidos.


En Nueva York se constató otra vez un efecto chocante. La Gran Manzana ha sido una ciudad fantasma desde mediados de marzo cuando se aplicaron las medidas para mitigar el coronavirus. Mejor dicho, lo sigue siendo, con bares, restaurantes o espectáculos cerrados, sin ningún lugar al que ir. Una larga noche. Pero de pronto, las marchas han hecho surgir de la nada a miles de ciudadanos, como si hubiesen estado aletargados.


Aunque se ven mascarillas, la norma de la distancia social ha quedado relegada por la cólera ante la muerte de Floyd, quien ya bajo custodia, y con el policía Dereck Chauvin presionado con la rodilla su garganta casi nueve minutos, gritó “no puedo respirar”. Esa súplica conecta con la memoria colectiva de los neoyorquinos. Eric Garner falleció con ese mismo “no puedo respirar” entre sus labios cuando, en julio de 2014, el agente Daniel Pantaleo le hizo una llave para inmovilizarlo que es ilegal. Garner vendía cigarrillos en Staten Island y su defunción contribuyó a la implantación del movimiento Black Lives Matter.


Tras dos noches de confrontación, las calles de Nueva York, en el bajo Manhattan y en Brooklyn, volvieron a llenarse. Hubo un corte del puente de Brooklyn, pero el carácter de lo ocurrido este domingo iba más por lo pacífico que por lo violento, aunque en cualquier momento podía saltar una chispa.


La policía neoyorquina está bajo sospecha. El escándalo surgió al difundirse un vídeo en el que se observa como un coche patrulla sigue su marcha “atropellando” a los ciudadanos que le bloqueaban el paso. El alcalde, que defendió a los agentes, anunció una investigación independiente. Bajo ese contexto, resultó curiosa la escena de unos uniformados con la rodilla al suelo junto a unos manifestantes.

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